Por qué cocinar y meditar

Si has llegado hasta aqui quizá te preguntes ¿porqué cocinar y meditar?

Pues muy sencillo, meditar y cocinar son dos artes que forman parte del entramado de mi vida. La cocina desde que tengo memoria y la meditación desde que comencé hace unos años mi camino meditativo. Creo que se maridan muy bien, como un buen vino y un queso añejo, el uno mejora al otro y se complementan perfectamente.

La meditación es una disciplina muy extensa, que me gusta ver más allá de una técnica o herramienta, o de unos simples ejercicios. Para mí la meditación es una forma de vida, una forma de vivirla más intensamente, de forma plenamente presente. Meditar te permite conocerte, aprender a manejar tus emociones, todas ellas, comunicarte desde la paz , vivir de forma más intensa, en el aquí y ahora.

Cocinar precisa de atención plena, para evitar acabar con unos huevos calcinados y pegados a la sarten, o con unas lentejas insípidas. Practicamente igual que vivir, que precisa de atención plena para saborear cada matiz y cada día, y evitar que pase la vida sin haberla realmente exprimido.

La cocina permite no solo alimentarme físicamente, sino crear, viajar y ensoñar.

Es una herramienta, igual que la meditación que  da paso a una forma de vida mejor. Si sabes cocinar, puedes crear delicias con muy poco, puedes hacer auténticos festines sin saber mucho de cocina; puedes viajar muy lejos trayendo a tu mesa sabores exóticos de otras partes del mundo, pero sobre todo puedes cuidar de tu cuerpo, con una de las mejores medicinas que existen: la comida.

Ya lo decía Hipócrates » que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina». Lo mismo ocurre con la plena atención y la meditación, con ella sanas tu interior.

Mi camino en la atención plena o mindfulness aún es largo y como todo el mundo tengo días en los que estoy aquí y allá y en todas partes y momentos menos en el aquí y ahora. Siempre trato de anclar mi presencia y mi atención de vuelta al momento presente, y que mejor forma que delante de los fogones (entre otras).

Mi camino en la cocina es muy similar, a base de prueba y error, algún que otro experimento fallido (muchas hornadas quemadas y algún que otro guiso incomestible), muchas lecciones aprendidas y tantos frutos recogidos en forma de delicias. Experimentación, búsqueda, vuelta a los orígenes, prácticas complejas como platos super elaborados orientales, y otras tan sencillas como freir un huevo. Más o menos como meditar sobre conceptos budistas complejos, o simplemente respirar y recitar mantras.

La cocina para mí es una forma refinada y creativa de practicar la meditación activa.

Los aromas y sabores te envuelven en una danza de colores que va formando un rico asado, un risotto, un curry verde, una tortilla de patatas o un simple huevo frito, y te traen al aquí y ahora.

Siempre pensé que no hacía nada especial, solo cocinarme la comida del día siguiente para el trabajo; hasta que me dí cuenta de que hay mucho más pinche despistado que lo que me imaginaba. Personalmente he tenido la suerte de contar con las enseñanzas de mi madre, artista y no solo de los pinceles. De quien he aprendido a honrar la comida y el acto de cocinarla y crear delicias también para la vista (como siempre dice: la comida debe de entrar también por la vista.)

Por ello comencé esta aventura, con la intención de inspirar y compartir mi conocimiento y experiencias. Si buscas como comenzar a cocinar o meditar, como alimentar tu cuerpo y tu alma, has llegado al sitio indicado. Pasa y ponte cómod@!

Medito y cocino con plena atención, y creo en los guisos meditados a fuego lento.

C O M P Á R T E L O

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